Las tarifas planas son fáciles de vender pero difíciles de justificar cuando el uso real varía mucho entre clientes. Por eso en Neobora optamos por un modelo de precios basado en un multiplicador sobre el uso.
El problema de las tarifas planas
Con una tarifa plana, el cliente que procesa poco subvenciona al que procesa mucho, o al revés: el que necesita picos de procesado se queda corto de capacidad contratada. Ninguna de las dos situaciones es sana a largo plazo. Y en un sector donde un mismo cliente puede pasar de un proyecto de 20 GB a uno de 2 TB de un mes a otro, fijar un precio único de antemano obliga a adivinar, no a calcular.
Alternativas que descartamos
Antes de decidirnos por el multiplicador, evaluamos dos modelos habituales en software geoespacial. El primero, precio por asiento de usuario, no tiene relación con el volumen de dato procesado: un solo operador puede lanzar un proyecto de 5 GB o de 5 TB pagando exactamente lo mismo. El segundo, un sistema de créditos prepagados, traslada al cliente la carga de estimar su consumo con meses de antelación — y penaliza tanto quedarse corto como comprar de más.
Ninguno de los dos resolvía el problema de fondo: que el coste para el cliente y el coste real de procesar su dato no tenían por qué coincidir.
Cómo funciona el multiplicador
El cliente paga en proporción directa al volumen de datos procesados, con un multiplicador fijo y conocido de antemano. No hay tramos ocultos ni sorpresas a fin de mes: el coste escala exactamente como escala el uso. El multiplicador se aplica sobre el volumen de dato clasificado (GB de nube de puntos, ráster o vectorial), no sobre usuarios, proyectos abiertos ni tiempo de conexión a la plataforma.
Un precio que el cliente puede calcular él mismo es más convincente que cualquier argumento comercial.
Cuánto uso contratas, y durante cuánto tiempo
El multiplicador no se compra suelto: se contrata dentro de un plan, y ahí aparece el segundo principio del modelo. Cuanto mayor es la cantidad de uso contratada, más barata sale cada unidad. Lite incluye un multiplicador ×1; Prime cuesta el equivalente a tres Lite pero da ×5 de uso; y Business, el equivalente a siete, da ×15. Dicho de otro modo: al subir de plan no solo cabe más trabajo, sino que cada gigabyte procesado cuesta menos que en el plan anterior.
A eso se suma el plazo. Un compromiso de permanencia de un año se abona a un precio menor que la contratación mes a mes —en torno a un 17 % por debajo—, porque nos permite planificar la capacidad de procesado con antelación. Quien prefiera no comprometerse puede contratar mensualmente y cambiar o cancelar cuando quiera, pagando algo más por esa flexibilidad.
Y comprometerse un año no significa quedarse encerrado en un plan pequeño. Si a mitad de contrato el uso se queda corto, se amplía al plan superior en cualquier momento y se descuenta lo que quede pendiente de consumir del plan anterior: no se pierde el uso ya pagado y no hay penalización por crecer. El compromiso es de permanencia, no de tamaño.
Un ejemplo de aplicación
Para que la fórmula deje de ser abstracta, así se aplicaría a tres tamaños de proyecto orientativos, habituales en el sector:
En los tres casos, el cliente aplica el mismo multiplicador publicado a su propio volumen de dato antes de pedir presupuesto — la factura final no depende de a qué comercial le haya tocado la cuenta.
Transparencia como argumento comercial
Cuando el cliente puede estimar su factura antes de firmar, la conversación comercial cambia: deja de girar sobre descuentos y pasa a girar sobre volumen y planificación real de proyectos. Los equipos de compras de administraciones públicas y grandes empresas, en particular, valoran mucho poder justificar internamente un coste calculado con una fórmula pública frente a un presupuesto cerrado sin desglose.
Qué pasa con los picos de trabajo
La objeción más habitual al modelo por uso es la falta de previsibilidad ante un pico puntual (una campaña de vuelo grande, un proyecto urgente). En la práctica lo resolvemos por el lado contrario: como el multiplicador es fijo y lineal, un pico de volumen no dispara ningún coste marginal oculto — el cliente paga proporcionalmente más ese mes, y proporcionalmente menos el mes siguiente si el volumen baja. Y si el pico deja de ser puntual y se vuelve la nueva normalidad, ampliar el plan es inmediato y el uso pendiente del anterior se descuenta.
Conclusión
El multiplicador de uso no es solo una decisión de pricing: es una forma de alinear lo que el cliente paga con lo que realmente consume, y de convertir esa transparencia en un argumento de venta por sí mismo.
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